por David Adams
La Sociedad Bíblica Bereana (Berean Bible Society) publica semanalmente en su sitio web artículos devocionales con el nombre More Minutes with the Bible, al cual puede suscribirse siguiendo en enlace anterior. En 2T15, publicamos traducciones al español de dichos artículos, con la finalidad de poner el mensaje de la gracia de Dios al alcance de los hermanos en Cristo de habla hispana. Sea de bendición para su vida.
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Observamos diversas expresiones disímiles en la Palabra de Dios. Algunos las consideran contradicciones en la Biblia. Nosotros preferimos el término “contrastes”.
La razón principal de estas diferencias es que Dios establece dos programas separados (insinuados incluso en Génesis 1:1). El primero trata sobre la tierra e Israel. El otro se refiere a los cielos y a la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Le fue encomendado al apóstol Pablo exponer estas diferencias. Él es el «apóstol [de Dios] a los gentiles» (Romanos 11:13 - RVR1960).
Por lo tanto, debemos reconocer estas divisiones bíblicas si queremos comprender verdaderamente la Palabra de Dios y ser aprobados por Él (2 Timoteo 2:15). Luego, debemos seguir las últimas directrices dadas por Dios a través de Pablo como «los mandamientos del Señor» para este tiempo presente (1 Corintios 14:37).
La oración contestada…
…fue garantizada por Jesucristo en los Evangelios. A sus discípulos les prometió: «Todo aquel que pide, recibe» (Mateo 7:8). «Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis» (Mateo 21:22). «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré… Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré» (Juan 14:13,14).
La oración sin respuesta…
…se ve en la vida del apóstol Pablo. Respecto a su «aguijón en la carne», Pablo escribió: «Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia…» (1 Corintios 12:8,9). La Palabra de Dios nos dice además que «qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos» (Romanos 8:26). Y que Dios «es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos» (Efesios 3:20). ¿Preferirías tener todo lo que pides, o mucho más abundantemente de lo que pides o incluso entiendes?
El Espíritu de Dios podía abandonar…
…a los creyentes de otras épocas. «El Espíritu de Dios vino sobre» hombres para tareas específicas. Así sucedió con los descuidados Sansón y el rey Saúl (Jueces 14:6,19; 1 Samuel 11:6). El Espíritu de Dios también vino sobre hombres piadosos como Moisés y el rey David para la obra que les fue encomendada (Números 11:17,29; 1 Samuel 16:13). El Espíritu descendió sobre Jesucristo al comenzar su ministerio terrenal (Marcos 1:10). Pero «el Espíritu del Jehová se apartó de» personas como Sansón y Saúl (Jueces 16:20; 1 Samuel 16:14). Incluso David le rogó a Dios: “No quites de mí tu santo Espíritu” (Salmo 51:11).
El Espíritu de Dios permanece…
…en los creyentes hoy desde la salvación en adelante. Cuando alguien confía en Cristo como Salvador, es «sellados con el Espíritu Santo» (Efesios 1:13). Todo aquel que es verdaderamente salvo posee el Espíritu Santo, pues la Palabra de Dios declara: «Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él» (Romanos 8:9). Con el «…Espíritu Santo de Dios… fuisteis sellados para el día de la redención» (Ef. 4:30).
Los contrastes en la oración y la permanencia del Espíritu revelan cómo la dispensación de gracia ofrece una relación más íntima y segura con Dios, contrastando con las condiciones proféticas. Esto nos asegura en nuestra fe actual, libres de temor a la pérdida.
Próximamente, en la octava parte, contrastaremos las sanidades universales del pasado con las realidades de enfermedad hoy, y el rol de las lenguas como señal versus su cese, preparando el terreno para la culminación de la serie.

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