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Kevin J. Sadler|A través de estos cinco artículos seguiremos el razonamiento del Señor en Lucas 13 y sus profundas implicaciones proféticas y dispensacionales.

por Kevin J. Sadler

La Sociedad Bíblica Bereana (Berean Bible Society) publica mensualmente en su sitio web la revista The Berean Searchlight, a la cual puede suscribirse siguiendo en enlace anterior. En 2T15, publicamos traducciones al español de artículos publicados originalmente en esa revista, con la finalidad de poner el mensaje de la gracia de Dios al alcance de los hermanos en Cristo de habla hispana. Sea de bendición para su vida.

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En el artículo anterior vimos cómo el Señor reprendió a la multitud por saber discernir las señales del clima pero no “este tiempo” en que el Mesías estaba entre ellos. Ahora, ante el reporte de dos tragedias recientes, Jesús advierte solemnemente sobre la necesidad urgente del arrepentimiento nacional.

En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. (Lucas 13:1-5 - RV1960)


Las dos tragedias

A continuación, algunos de la gran multitud le contaron al Señor acerca de «los galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos». Por razones que desconocemos, Pilato, gobernador de Judea, había ordenado cruelmente la matanza de algunos galileos que habían ido a Jerusalén a adorar en el templo. Esto ocurrió mientras ofrecían sus sacrificios, y su sangre se mezcló con la sangre de los animales que ofrecían. El Señor usó esta tragedia para recordar a Israel la necesidad de arrepentirse de su rechazo a Él, para no perecer y sufrir una tragedia aún mayor.

Luego, Cristo recordó a la multitud el derrumbe de una torre que sostenía un acueducto junto al estanque de Siloé en Jerusalén, que causó la muerte de dieciocho personas. El Señor enfatizó que estas catástrofes no debían interpretarse como un juicio especial de Dios sobre esas personas por sus pecados y maldad, y que no eran peores pecadores que los demás. Todos los que le escuchaban eran pecadores, individualmente, y merecedores del juicio de Dios.

La advertencia del Señor

Por eso, el Señor dijo: «No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente» (Lucas 13:3,5). Cada persona, individualmente, necesitaba arrepentirse y creer en Cristo como el Mesías y el Hijo de Dios, para no perecer eternamente en sus pecados.

Sin embargo, es importante recordar que el trato de Dios con Israel era principalmente de carácter nacional. Por lo tanto, cuando el Señor dijo: «No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente», se dirigía a Israel como nación. Israel, en su conjunto, había rechazado a su Mesías y era culpable. Y el Señor desafió a aquella gran multitud y a todo Israel a arrepentirse, y les dijo que a menos que se arrepintieran, cambiaran de corazón y de mente y lo aceptaran como su Mesías, todos perecerían igualmente.

El pecado colectivo de Israel al rechazar a su Mesías puso al pueblo en peligro de sufrir una calamidad nacional. Cristo advirtió a Israel del futuro inevitable que les esperaba si ella y sus líderes persistían en su incredulidad.

En el próximo artículo el Señor presentará una parábola que explica por qué el arrepentimiento era tan urgente: la higuera de Israel estaba a punto de ser cortada. Te podemos avisar cuando esté disponible: Solo suscríbete a nuestro boletín o a nuestro canal de Whatsapp.

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