por Cornelius R. Stam
La Sociedad Bíblica Bereana (Berean Bible Society) publica mensualmente en su sitio web la revista The Berean Searchlight, a la cual puede suscribirse siguiendo en enlace anterior. En 2T15, publicamos traducciones al español de artículos publicados originalmente en esa revista, con la finalidad de poner el mensaje de la gracia de Dios al alcance de los hermanos en Cristo de habla hispana. Sea de bendición para su vida.
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Somos muy conscientes de que algunos de nuestros hermanos cristianos no están de acuerdo con las enseñanzas expuestas en este artículo. Confiamos en que nos creerán cuando decimos que respetamos cualquier convicción genuina que puedan tener. Nuestro desacuerdo respecto a la cuestión del bautismo en agua no debería obstaculizar nuestra comunión mutua, ya que los creyentes fervientes han diferido en esta doctrina durante muchos siglos. Confiamos en que todos los que lean este artículo lo hagan con el espíritu de los nobles bereanos, quienes «recibieron la Palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así» (Hechos 17:11 - RV1960).
Algunos se han preguntado si corresponde a unas pocas personas de esta generación decir que toda la Iglesia ha estado equivocada acerca del bautismo en agua a lo largo de los años. En respuesta, permítannos decir, en primer lugar, que es cuestionable si toda la Iglesia ha practicado el bautismo en agua. Es cierto que la Iglesia en su conjunto lo ha practicado, pero eso no es extraño. Observemos la historia de los hijos de Israel y veamos cómo erraron una y otra vez con respecto a asuntos muy importantes. ¿Son los hijos de Dios de hoy en día menos humanos? ¿No es igualmente posible que la Iglesia se equivoque? «¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡En ninguna manera!» (Romanos 3:9)
Pero hay un segundo hecho que no debe olvidarse. Si bien la Iglesia en su conjunto ha practicado el bautismo en agua durante largos siglos, no ha estado en absoluto de acuerdo con las razones para practicarlo, ni con la forma de aplicarlo. Tan profundas han sido las divergencias sobre la doctrina y la práctica de este ritual que, aunque algunos nos consideren herejes, en realidad no estamos más lejos de todos ellos de lo que ellos mismos lo están entre sí. Si, por ejemplo, nuestros hermanos bautistas están escrituralmente en lo correcto respecto al bautismo en agua, entonces nuestros hermanos presbiterianos están equivocados y, a los ojos de Dios, nunca han sido bautizados. Si los presbiterianos tienen razón, los bautistas se equivocan y, desde un punto de vista escritural, realmente no enseñan ni practican el bautismo en agua.
Es nuestra ferviente oración que en poco tiempo esta cuestión, que ha causado tanta confusión entre los creyentes de todas partes, sea resuelta por la Palabra de Dios, al menos para los creyentes verdaderos, fundamentales y evangélicos. Sería un gran paso hacia el derribo de los muros del denominacionalismo que durante tanto tiempo han dividido a la Iglesia de Cristo. Ya se ha observado una tendencia notable hacia una mayor unidad entre los verdaderos creyentes de todas las denominaciones, pero esa tendencia ciertamente se detendrá si muchos continúan aferrándose a sus teorías antibíblicas sobre el bautismo en agua.
A los pocos que están enojados con nosotros por expresar nuestras convicciones, permítannos decirles que no podemos, ni siquiera por ellos, guardar silencio. Sería una locura desechar la eterna Palabra de Dios a cambio de unas pocas amistades terrenales. Desearíamos que siguieran siendo nuestros amigos, pero si consideran oportuno sustituir la salvación a través de la Cruz por el bautismo en agua como base de la comunión cristiana, solo podemos pedirle a Dios que abra sus ojos y ablande sus corazones. No podemos cambiar nuestra postura por ellos, porque «si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gálatas 1:10).
No nos oponemos a quienes difieren honestamente de nosotros y buscan respondernos mediante la Palabra de Dios, pero nos oponemos y rechazamos cualquier tipo de censura, y defendemos nuestro derecho y responsabilidad de predicar lo que creemos que es la verdad. Este artículo, por supuesto, solo aborda el tema de manera muy general, pero que nuestro Padre celestial lo use para impulsar a muchos de Sus hijos a un estudio más diligente y devoto de Su santa Palabra.
Al ver que incluso las denominaciones históricas no logran ponerse de acuerdo en el significado y la forma de este ritual, se vuelve indispensable ir al trasfondo bíblico. Pero, ¿cómo encaja exactamente el bautismo en agua dentro del plan divino? En nuestra próxima entrega, pasaremos de las opiniones humanas a los hechos. ¡No te lo pierdas!

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