Una guía para la piedad: ¿Red de seguridad o hamaca?

Ricky Kurth|Una advertencia contra el peligro de transformar la seguridad eterna en comodidad para el pecado y un análisis de la tendencia humana hacia lo prohibido.

por Ricky Kurth

La Sociedad Bíblica Bereana (Berean Bible Society) publica mensualmente en su sitio web la revista The Berean Searchlight, a la cual puede suscribirse siguiendo en enlace anterior. En 2T15, publicamos traducciones al español de artículos publicados originalmente en esa revista, con la finalidad de poner el mensaje de la gracia de Dios al alcance de los hermanos en Cristo de habla hispana. Sea de bendición para su vida.

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Una guía para la piedad: ¿Red de seguridad o hamaca?

En nuestro primer artículo establecimos el principio fundamental de la motivación por gracia: Dios no nos bendice por portarnos bien, sino que nos llama a andar dignamente porque ya hemos sido colmados de Sus bendiciones en Cristo. Hoy profundizamos en los peligros de malinterpretar esta verdad y en cómo opera la naturaleza humana frente al pecado.

La gracia no es una licencia para pecar, aunque muchos cristianos son engañados por «palabras vanas» que dicen que sí lo es (Efesios 5:6). Esto es similar a las «palabras de mentira» sobre las cuales Jeremías advirtió a Israel:

He aquí vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan. Hurtando, matando, cometiendo adulterio, jurando en falso… ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones? (Jeremías 7:8-10)

Los mentirosos le decían a Israel que los sacrificios que traían a la casa de Dios los libraban para poder seguir pecando. El verdadero propósito de Dios al dar a Israel estas provisiones era proveerles una red de seguridad, en caso de que cayeran en pecado. Pero en respuesta a estas palabras mentirosas, habían comenzado a usar su red de seguridad como una hamaca, descansando cómodamente en los pecados por los cuales animales inocentes habían muerto.

Esto nos recuerda cómo nuestro sistema de asistencia social está diseñado de manera semejante como una red de seguridad para los ciudadanos, en caso de que atraviesen tiempos difíciles. Hay muchos calificativos que la gente utiliza para describir a quienes usan esta red de seguridad como una hamaca, y ninguno de ellos es muy halagador. Dios no permita que nosotros, que somos salvos por la sangre de Cristo, consideremos alguna vez usar esa sangre preciosa como una hamaca para descansar cómodamente en la iniquidad.

Más bien, seamos hallados como un pueblo que sirve fervientemente al Señor aun sabiendo que somos eternamente salvos. La gente también tiene calificativos para el hijo del jefe que trabaja con fervor a pesar de saber que no puede ser despedido, y todos esos términos son muy honrosos. ¡Que estas sean las palabras empleadas para describir a cada uno de nosotros como creyentes con seguridad eterna!

Está en la naturaleza humana querer pecar; pues más allá de nuestra inclinación natural a transgredir las leyes de Dios, el pecado es la única cosa que no podemos tener como creyentes, ¡y el ser humano siempre parece desear más lo que no puede tener! Adán era el rey del mundo, pero deseaba el fruto del único árbol que no podía tener. Acab poseía muchas tierras como rey de Israel, pero deseaba el único terreno que la Ley no le permitía poseer (1 Reyes 21:1-16). Y como hijo del rey, Amnón era el soltero más codiciado de Israel y podría haber tenido a cualquier mujer del reino, pero deseaba a la única mujer que no podía tener (2 Samuel 13:1-4). ¡Cuán bien ilustran estos ejemplos de la naturaleza humana cómo, siendo hijos del Rey, Dios «nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» (1 Timoteo 6:17), y sin embargo anhelamos lo único que no podemos tener: ¡el pecado!

Esto es natural, pero ¡«el hombre natural» no es algo bueno en las Escrituras (1 Corintios 2:14)! Cuando tenían hambre, era natural que Israel recordara las cosas buenas que comían en Egipto y olvidara lo miserable que era su vida como esclavos de Faraón. Del mismo modo, es natural que recordemos «los deleites temporales del pecado» (Hebreos 11:25), ¡y olvidemos que éramos «esclavos del pecado» (Romanos 6:17), y cuán miserable era nuestra vida en aquellos días!

Comprender nuestra fragilidad natural es indispensable, pero la verdadera clave para la victoria no reside en la fuerza de voluntad humana, sino en un hecho espiritual consumado. ¿Qué significa realmente que hayamos sido bautizados en la muerte de Cristo? El próximo martes examinaremos el poder liberador de nuestra Identificación en Su muerte y resurrección. ¡No te lo pierdas!

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